El 28 de diciembre nuestro Obispo monseñor Ricardo Araya presidió en la Iglesia Catedral la clausura del Año Santo en comunión con todas las Diócesis del mundo.
El Año Santo 2025 fue vivido en la Iglesia como un tiempo de gracia y renovación espiritual bajo el lema “Peregrinos de esperanza”. En nuestra Diócesis se establecieron lugares santos para recibir la gracia de la indulgencia jubilar: la Iglesia Catedral Nuestra Señora del Carmen (Cruz del Eje), el Santuario Nuestra Señora del Tránsito y Santo Cura Brochero (Villa Cura Brochero), el Santuario San Roque (Villa de Soto), la Basílica Nuestra Señora de los Dolores (Villa Dolores), la Parroquia San Pedro Apóstol (San Pedro), la Capilla Inmaculada Concepción de María (Villa de Pocho), la Capilla Nuestra Señora de la Merced (Luyaba), el Monasterio Abba Padre (Los Cocos), las cárceles y los hospitales.

Según lo indicado en la bula de convocatoria Spes non confundit, el 28 de diciembre de 2025 se clausuró el Año Jubilar en todas las Catedrales del mundo. En nuestra Iglesia Catedral se vivió este momento con un profundo espíritu de acción de gracias. En su homilía, monseñor Ricardo, reflexionó a la luz de los textos bíblicos de la liturgia de la Fiesta de la Sagrada Familia diciendo: “La Navidad es una invitación a ponerse en camino, incluso en la oscuridad de la vida, como la Sagrada Familia partió a Egipto, a un lugar desconocido, de noche, con lo puesto. No le tengamos miedo a la noche. La fe implica siempre atreverse a meterse en la oscuridad. Transitar la noche oscura con la esperanza puesta en Dios”.
“Tengo la intuición que el camino sinodal que estamos transitando es para los que vienen. Preparar la Iglesia que nosotros no veremos, pero vale la pena poner un principio de cambio con esperanza y paciencia. Si todos tenemos que anunciar que Jesús está vivo, entonces los modos de participación serán muchos y distintos. Lo importante es la mayor participación, a partir de la diferencia. Que todos podamos sentir que formamos parte de un pueblo que peregrina, cada uno con su ministerio, carisma, vocación, pero juntos escuchando al Espíritu Santo.” Finalizó el Obispo.



